(In)vulnerables al deterioro de la memoria

Una vez (más de una en realidad) pero aquella vez en concreto me llevé prestado un libro y todavía no lo he devuelto. Mi idea era leerlo y devolverlo, pero jamás lo hice, jamás lo he hecho, ni leerlo, ni devolverlo, y no  porque no me guste (que no lo sé, en realidad)  sino porque siempre me quedo en la introducción.  La leo una y otra vez y soy incapaz de ir más allá. Me paraliza, me estremece de arriba abajo, me absorbe, me mata. Es lo que tienen algunas palabras. 

Cuando empecé el blog decidí utilizar fragmentos de la introducción de Los cuentos de Eva Luna para etiquetar las entradas, luego  las quité, supongo que porque soy variable e indecisa,  no lo puedo evitar. También borré todo lo que había escrito durante cinco años. Algo habría sobre este libro, supongo, al fin y al cabo suelo repetirme, pero no lo recuerdo bien, algunos de mis recuerdos, por desgracia,  no son invulnerables al deterioro de la memoria y se me escapan.
La semana pasada (unos cuantos años después) volví a aquel sitio donde pasé mis años universitarios, al lugar de donde me llevé el libro.  Ese fin de semana tuve la oportunidad de devolverlo, tuve la oportunidad de muchas otras cosas y las desaproveché todas.

Egon Schiele


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