25 noviembre 2009

Y el cuervo dijo: Nunca más


Si pudiera decirte que lo siento, te lo diría. Que a veces me equivoco, más veces de las que serían recomendables para no sé muy bien qué. No siempre encuentro la palabra precisa con facilidad. No siempre puedo huír de los demonios del pasado. No siempre soy inmune a lo que dices ni a lo que haces. No siempre, que no es lo mismo que nunca más. Aunque si pudiera decirte que lo siento, no siempre sería nunca más.

El cuadro es de Paul Ackerman, a quien acabo de descubrir.

This is not a love song

Si eres seguidor de CSI: Las Vegas y no quieres enterarte del futuro de la relación de Sarah y Grissom, no sigas leyendo.










Me preguntas si Grissom y Sarah al final se casan y no sé si te he respondido porque últimamente siempre te digo lo que no te tengo que decir y me callo lo necesario e importante. Me lo preguntas y ahora cuando quizá ya se ha pasado el momento de responder y de alguna que otra cosa, te contesto que aunque no sé si se casan o no, Grissom lo deja todo y recorre unos cuantos kilómetros que son muchos para reunirse con ella en Costa Rica. Te podría explicar por qué, decirte que Grissom deja su trabajo y toda su vida porque el amor que siente por Sarah es el amor de la canción Contigo de Sabina, que no necesita de facturas ni pucheros, ni domingos de sofá, ni sexo automático dos veces por semana haya o no haya ganas. Te podría decir que no muere por ella, qué tontería, pero que sí que es capaz de dejarlo todo para irse a un lugar lejano porque sabe, en el fondo, que haga lo que haga si no está ella podrá tener muchas cosas pero nunca ser feliz. Te podría decir que Grissom hace lo que hace porque su amor es amor verdadero, ese amor que la mitad del mundo persigue y que la otra mitad quiere, ese amor que te da tranquilidad, que saca lo bueno de ti, que te hace ver las cosas con otros ojos, ese amor que persigues durante toda tu vida para que al final puedas decir he vivido feliz. Te podría decir todo esto, pero en realidad él lo hace por exigencias del guión.


Poesía


En El imperio de las luces plasmé diversas ideas: un paisaje nocturno y un cielo tal como lo vemos de día. El paisaje lo asociamos con la noche y el cielo con el día. Yo creo que esta simultaneidad del día y de la noche tiene el poder de asombrarnos y cautivarnos. A este poder lo llamo poesía.

R. Magritte.

24 noviembre 2009

De cuando fui Suzie Q (remastered)

Siempre quise ser Suzie Q para que me dijeses entre acorde de guitarra y coro psicodélico cuánto te gusta mi manera de andar o cuánto te gusta lo que te cuento. Oh, Suzie Q, me dirías mientras miras como me muevo. Oh, Suzie Q, sé que serás mía y probablemente lo sería. Ya apenas hay tiempo para la seducción y el cortejo. Con Suzie Q eres directo y yo quiero ser Suzie Q, para que me digas que nunca jamás te deje estar triste, para que me digas que me quieres, aunque yo sepa que es mentira. Porque a las Suzie Q no se las quiere, ni se les regala bombones ni flores, ni se las lleva a pasear por el parque agarradas de la mano. Oh, Suzie Q, dices con la voz quebrada mientras me pides que me mueva al ritmo de la Creedence y expulsas humo del cigarro. Lo único que quieres es que te hable para mirarme los labios mientras lo hago y cuando me acerque y notes su humedad rozando tu cuello decirme entre suspiros, con la voz entrecortada Oh, Suzie Q.

Píntame amarillo

Fer me pasó ayer lo último de Fito, poniendo una de las pocas pinceladas de color en un día gris marengo, que es un color que me encanta, pero no para mis días. Al volver del trabajo, mientras me sonaba de fondo algo así como si me quieres pintar, prefiero el gris, me he ido fijando en el paisaje, tan lleno de color. Hace sol y calor para ser finales de noviembre y el verde se ve más verde, sobre todo porque los cristales de las gafas de sol que utilizo son de ese color.

Cuando voy en coche sola soy yo misma y el pensamiento fluye. No hay obstáculos, no hay tristeza, no hay nada. Es como un búnker en el que me refugio del exterior. Mi burbuja particular. Una burbuja dentro de la burbuja de mi mundo. Una pompa de jabón.

Cuando voy en coche sola me asaltan pensamientos positivos, y no sé si son las gafas o la luz o el color del paisaje. No sé si es la música o verle a Fito cruzar un paso de cebra. No sé si es el sol pegando en la ventana o el gris de la carretera. No sé lo que es pero todo es mejor, mucho mejor y sonrío porque entonces me viene a la cabeza lo que me gusta el crac-crac de la sal maldon dentro de mi boca y esas pequeñas tonterías que marcan la diferencia.


El cuadro de Gorky se titula Pintura gris.



Nunca es triste la verdad

No estoy de acuerdo. A veces encontrarte la verdad de frente es triste, aunque cada vez de más igual.

22 noviembre 2009

Eso... quién

QUIÉN ME MANDARÍA SOÑAR
(PIER 17)

mira que lo sé todo
hasta dónde encontrarte
si quisiera
pero te busco
en cada hombre que miro

no estás
dónde estás
dónde voy sin ti
si en la sombra veloz
de todos los aviones
que pasan
apareces

Isabel Bono


Isabel me escribe y me dice que me va a mandar un libro recopilatorio que le han publicado para ver si me gusta. Yo ya sé que me va a gustar, porque hasta ahora me ha gustado todo lo que he leído de ella y no creo que haya cambiado tanto en gustos así de repente, aunque nunca se sabe y a veces es mejor no hablar. Me escribe casi en verso, me manda besos amarillos porque sabe que son los que me gustan y me dice que la navidad le recuerda a mí.

Ella, por su parte, me recuerda a los demás y me pregunto qué será de todos ellos, por dónde andarán. Qué será, por ejemplo, de Mario —aunque este no sea su nombre— con el que compartí habitación cuando nos reunimos todos en Madrid en la casa de uno de ellos y yo me fui pronto porque a mí las reuniones multitudinarias en las que todo el mundo es amigo y feliz no me van demasiado y él se fue pronto porque pensó que quizá conmigo podría hablar. O de Pau —que tampoco es su nombre— y que un día vino por aquí con su mujer y sus hijos y me llamó por teléfono para quedar conmigo en dos minutos y fui sin pensármelo dos veces porque es una de las personas más interesantes, cultas e inteligentes que he conocido en mi vida y, sin embargo, destacaba por su humildad. O Jorge que fue tan amable conmigo, me llevó a su casa varias veces, conocí a toda su familia y no paraba nunca de hablar. Y menos mal porque fue el primero al que conocí y nuestro encuentro, cuando yo apenas digo dos palabras si no tengo confianza se equilibró gracias a su locuacidad. Jorge me regaló algo escrito por él en uno de mis cumpleaños, no recuerdo cuál. Hoy lo he estado buscando y lo cuelgo aquí. Sin más.

Si hay algo que me gusta de ti es que eres una echada para adelante. Ya
sé que todo el mundo lo considera un defecto -va a acabar cheposa, la
pobre- pero qué sabrán ellos del arrojo. Ya sé que lo ocultas bajo una
capa de "losientos" pero sólo hay que rozarte la columna para saber que
obedece a un propósito, a una intención, a un plan meticulosamente
organizado.

Para ti la única manera de manifestar interés por las personas y las
cosas es prestarle tus sentidos. Para ello adelantas tu nariz, tus
oídos, tus ojos todos y te quedas así,
echada para adelante.

Donde los demás, yo mismo, como bien sabes, proponemos gafas y sonotones
tú ofreces tus sentidos hasta el límite físico. Te quedas así, aliada al
precipicio y como esas torres que orientan al caminante o sirven para
avistar las ballenas que llegaban a tu costa, decides hacer de la
gravedad, una ley convexa. Por eso no tienen ni idea los que te
reprochan tu gusto por el abismo -ellos, siempre en pánico perpetuo,
agorafóbicos de mesa camilla-, y tu sinceridad con doblez -que es tan
sólo el precio que pagas por prestar la debida atención.

Cuando pienso en unos oídos amigos, pienso en tu figura alta, rubia y
echada para adelante. Y me gustas así, sin reservas, sin santabárbara
que defender. Y -no sé cómo lo consigues- transformar la apariencia de
debilidad en algo mejor que una fortaleza. Un talante quizá. Guardo la
esperanza que cuando el año que viene cumplas un año más, estés un poco
más inclinada y yo pueda chivarme a todo el mundo.







Till death do us part



Ayer le vi a John McClane durante veinte minutos. Mi chico duro favorito. No sé por qué su mujer se separó de él, yo jamás* lo habría hecho. Esa seguridad en sí mismo que demuestra cuando está rodeado de veinte malos armados hasta los dientes y sabe que se los va a cepillar de uno en uno, sin pestañear, me vuelve loca. Ese sentido del humor tan negro y tan mordaz consigue derribar todas mis defensas.

He visto cada una de sus pelis más de una vez, aunque confieso que en la tercera, la que más me gusta, me dejé seducir por un Jeremy Irons muy apetecible que hizo que dudase de mi amor por McClane. Pero al final, siempre gana el bueno. Además, le gusta la Creedence.




*never say never

21 noviembre 2009

Birlibirloque (Hocus Pocus)

«El autor de este libro no dispuso de papel uniforme en calidad y tamaño. Escribió en una biblioteca que albergaba ochocientos mil volúmenes sin interés para ninguna otra persona. Los más de entre ellos no habían sido leídos por nadie, y seguramente nunca lo serían; de modo que nada le habría impedido arrancar unas cuantas hojas de cortesía, de ls que van en blanco en cada tomo, y utilizarlas para sus fines. No hizo tal cosa. Y no se sabe por qué. Por la razón que fuera, escribió este libro a lápiz y en cualquier superficie, desde papel de envolver color marrón hasta el dorso de una tarjeta comercial. Las insólitas líneas que hay entre pasaje y pasaje, dentro de un mismo capítulo, señalan el lugar en que termina un fragmento y empieza el siguiente. A pasaje más corto, fragmento más corto.


Cabe figurarse que el autor, con su empleo de toda clase de desperdicios para escribir, pretendiera crearse una reputación de humilde o de chiflado, estando en espera de juicio como estaba. Pero es igualmente probable, sin embargo, que empezara este libro movido por algún impulso, ignorando que más adelante se fuera a convertir en libro, garabateando palabras en el primer trozo de papel que le viniera a mano. Y luego puede ser que le pareciera oportuno seguir así, de trozo en trozo, como si cada uno hubiera sido una botella que llenar. Cuando llenaba uno, fuera del tamaño que fuera, quizá se quedara satisfecho pensando que ya había escrito todo lo que podía escribirse sobre tal o cual asunto.

Numeró todas las páginas, de modo que no cabe poner en duda ni que los textos vayan en orden, ni que su autor esperaba que alguien las leyera alguna vez tomándolos por un libro, sin dejarse amilanar por su indecoroso aspecto. De hecho, no faltan las ocasiones en que afirma, cada vez con mayor confianza, según se acerca el final, que está escribiendo un libro.


Hay varios dibujos de tumbas. Sólo uno de ellos es original. Los restantes son calcos, hechos seguramente por el procedimiento de colocar dos papeles al trasluz contra el cristal de una ventana de la biblioteca. El autor escribió ciertas palabras en cada uno de los túmulos sepulcrales, limitándose en uno de ellos a un mero signo de interrogación. Lo escrito a mano no daba bien en imprenta. De modo que se ha reproducido tipográficamente.



Es cosa del propio autor que ciertas palabras vayan con mayúscula inicial, cuando cualquier corrector de pruebas minucioso las habría preferido en caja baja. Así, también, por razones que en ningún momento aclara, Eugene Debs Hartke opta en todos los casos, menos cuando van al principio de una frase, por dejar los números en forma de guarismos, en lugar de escribirlos con palabras; por ejemplo: "2", en lugar de "dos". Quizá considerase que los números pierden mucha de su eficacia cuando se disuelven en el alfabeto.

Tras mucho pensármelo, he aplicado a cada una de estas veleidades la palabra que, según me dijo una vez otro autor, es la más sagrada del vocabulario de todo buen editor. La palabra es: "Vale". »

K.V.

20 noviembre 2009

Tocando fondo



Estaba en la bañera con espuma y agua caliente, muy caliente —hay que amortizar el dinero invertido en el calentador— escuchando a Silvio con un par de velas de lavanda cuando ha empezado a sonar Tocando fondo y he escuchado esa parte que dice «soy de tantas maneras como gente pretenda no más calificarme» y entonces he pensado que quizá tengas razón, quizá no soy lo que creo que soy sino la imagen que cada uno tiene de mí.





Las bellas realidades de Magritte. Otra vez Magritte.

El espíritu de la aventura



de Magritte


y no sé dónde está



19 noviembre 2009

Cómo me repito con las canciones (y con lo demás )


Me pesa el día. Me pesa a pesar del sol y de que me he reído muchísimo con los de segundo de Bachiller. Me pesa el día porque solo tengo veinte minutos para estar en casa y me meto aquí para decirle al aire que me pesa el día. Me pesa el día porque noto que me falta algo no material, porque no tengo agua caliente, porque he comido rápido y mal, por Paula que llora con desconsuelo y teme enfrentarse a sus miedos, porque ya no estás.








El cuadro es de De Kooning se titula Mujer y no está en la Tate sino en San Francisco o eso dicen.

Querido diario...


Siete y dieciseis de la mañana. Los jueves no me tengo que levantar a las seis y media, puedo retrasarlo casi una hora, pero la costumbre ha hecho que esté despierta a la hora de siempre. Tengo la sensación de que algo se ha quedado en el camino y lo curioso es que no me duele, ni me molesta, ni siquiera me pone triste, o no lo triste que debería estar.
Ayer hablé con Marian sobre mi padre. Le dije que le echaba mucho de menos, que era la persona que más se preocupaba por mí. Siempre se interesaba por mis cosas, quería saber pero con una querencia real, no por cumplir. Me hacía sentir importante, distinta del resto a pesar de no serlo. Me hacía sentir el centro del universo. Mi parte egoísta echa de menos todo eso. Todo mi yo le echa de menos a él.
Si abro la ventana de esta habitación del todo, veo árboles y estrellas. Me gusta. Me tranquiliza de algún modo. Hoy me toca un día de esos en los que no paras de correr de un sitio a otro, un poco de tranquilidad no viene nada mal. Si fuera por mí hoy no iba a trabajar. Me encuentro mal desde hace días, tengo catarro o yo qué sé qué así que no me importaría nada quedarme en casa leyendo a Kenzaburo Oé. No me apetece nada estar con otra gente, por lo menos con gente que no es mi gente. No me apetece ni pensar.
Voy a desayunar.


El cuadro es de William Blake, está en la Tate y se titula Beatriz se dirige a Dante desde el carro.