Los días iguales

Soy una montaña rusa. Desde siempre. Esta semana he pasado de una felicidad extrema a una tristeza profunda. Luego viene un día gris marengo lleno de calma. Más tarde, la indiferencia. Y otra vez, vuelta a empezar.


Yoriyasu Masuda. Caos.

El paisaje a la derecha.

Well, some guys they just give up living
and start dying little by little, piece by piece.
Some guys come home from work and wash up
and go racing in the street.

Racing in the street
Bruce Springsteen








El poema es de Isabel Bono.
Ella escribe mucho mejor que yo.
Y la foto que nunca enmarcaré, mía.

Ya ves.

Ya ves,
y yo sigo pensando en ti.

Pablo Milanés.

Hace tiempo me compré este libro de Cortázar y hoy, por esas cosas que tiene la vida y que uno nunca sabe muy bien, me he acordado de este poema.




Coney Island Baby

Coneyislandbaby
when you are all alone and lonely in your midnight hour
and you find that your soul has been up for sale
and you are getting to think about all the things that you done
and you are getting to hate just about everything

Coney Island baby
Lou Reed

Supongo que lo he contado alguna vez porque es de esas cosas que me acompañan desde que era niña, pero ya no me acuerdo de todo lo que he ido escribiendo por aquí a lo largo de los últimos diez u once años y aparte de que borré la mayoría, tampoco me apetece volver a leerme para saber. Si me repito, lo siento. No creo que importe demasiado. 

Todo empezó con una peli: The warriors, Los amos de la noche,  en castellano y esas ganas de llegar a su territorio para poder estar en paz. Había una escena con una banda que iba en patines, que veía una y otra vez. Hay algo en los patines. Siempre, desde niña. Hay algo en Coney Island, una especie de decadencia, que me hacía querer estar allí.  

Cuando fui a Nueva York no me lo pensé. Coger el metro desde Manhattan, pasear por la playa, entrar al acuario, sacar fotos de la noria, estar en Coney Island, por fin. Cuando volvía al hotel, el metro se estropeó y estuvo parado durante más de una hora. Siempre recuerdo esa hora en el metro como si fuese una escena de la película pero conmigo de protagonista. El calor, las luces apagándose y encendiéndose y el sonido de unos patines deslizándose por el andén. 

2018 en libros.

A falta de pocos días para que acabe el año y sabiendo, ya, que no voy a terminar los dos libros que estoy leyendo, os dejo mis lecturas de 2018 y aprovecho para desearos un muy feliz 2019.

1.    Historia de dos ciudades. Charles Dickens.
2.    Vestido de novia. Pierre Lemaitre. (Traducción: María Teresa Gallego Urrutia y Amaia García Gallego)
3.    El cuento de la criada. Margaret Atwood. (Traducción: Elsa Mateo Blanco)
4.    Cumbres Borrascosas. Emily Brönte.
5.    Voces que susurran. John Connolly. (Traducción: Carlos Milla)
6.    La puta que leía a Jack Kerouac. Susana Hernández.
7.    Agnes Grey. Anne Brontë.
8.    La mujer habitada. Gioconda Belli.
9.    The tenant of Wildfell Hall. Anne Brontë.
10.  El señor Nakano y las mujeres. Hiromi Kawakami. (Traducción: Marina           Bornas Montaña)
11.  Nubosidad variable. Carmen Martín Gaite. 
12.  The Professor. Charlotte Brontë.
13.  Patria. Fernando Aramburu.
14.  Play it as it lays. Joan Didion.
15.  Las flores no sangran. Alexis Ravelo.
16.  La mujer del pelo rojo. Orhan Pamuk. (Traducción: Pablo Moreno)
17. Drácula. Bram Stoker
18. The tempest. William Shakespeare.
19. La semilla de la bruja. Margaret Atwood. (Traducción: Miguel Temprano García)
20. Hipotermia. Arnaldur Indridason (Traducción: Enrique Bernárdez)
21. Cuervos. John Connolly (Traducción: Carlos Milla Soler)
22. Ragdoll. Daniel Cole. (Traducción: Raúl García Campos)
23. Una noche con Sabrina Love. Pedro Mairal.
24. El beso de Tosca. Vicente Garrido y Nieves Abarca.
25. Los Eduardianos. Vita Scackville-West.
26. Apegos feroces. Vivian Gornick.
27. Oeste. Carys Davies. (Traducción: Lorenzo Luengo)
28. Expiación. Ian McEwan. (Traducción: Jaime Zulaika)
29. La sirena roja. Noelia Lorenzo Pino.
30. Faithful Place. Tana French.
31. Nada. Carmen Laforet.
32. El que espera. Andrés Neuman.
33. Jane Eyre. Charlotte  Brontë. (Traducción: Alejandro Pareja)
34. ¡No eres de azúcar, baila bajo la lluvia!. Ana Elena Arenaza.
35. La retornada. Donatella Di Pietrantonio. (Traducción: Miguel García)
36. La mujer singular y la ciudad. Vivian Gornick. (Traducción: Raquél Vicedo)
37. La nieta del señor Linh. Philippe Claudel. (Traducción: José Antonio Soriano)




Conversaciones mudas

El fin de semana del puente fui a Valladolid a casa de Noe. A veces, necesito desconectar de mi vida, alejarme un poco, mirarlo desde otra perspectiva, volver a ser yo solamente,  sin apéndices, sin adolescencia a la que enfrentarme, ni cenas, ni te espero despierta hasta las cuatro o cinco o seis.  El día que llegué no dio tiempo a mucho:  un par de cañas y Jane Eyre de Fassbender, que no es muy tipo Rochester, pero no lo hace nada mal. No sé si habéis leído la novela de Charlotte Brontë, pero se supone que Rochester no es un tipo atractivo, no del tipo de Fassbender, que es mucho más que guapísimo. 

Al día siguiente un poco de Picasso en el Patio Herreriano. 347 grabados de los de mirar atentamente para no perder detalle. No nos dio tiempo a verla como queríamos:  la primera parte fue lenta, fijándonos en todo, en cada trazo, en cada título, pero se nos echó el tiempo encima y terminamos haciendo un barrido por la parte de la  Celestina y por la sala más erótico-pornográfica (un letrero avisaba en la entrada que algunos de los dibujos podían herir nuestra sensibilidad). 
Dejamos Picasso  para quedar con más amigos y entre bares, cervezas y algún tequila, pasaron las horas, demasiado rápido quizá. Hay personas con las que es fácil estar. No te exigen, ni tienes que ser más de lo que eres, el silencio con ellas no pesa, las palabras tampoco. Puedes ser tú sin ningún artificio, sin maquillaje, sin pretensiones. Puedes hablar de lo que sea sin sentirte juzgada. Puedes callarte si no te apetece decir nada sin sentirte incómoda. Puedes ser y estar. 

Propósitos de mes nuevo

He decidido darme de baja de Bookish y dejar de ser amiga del Guggenheim. Hubo un tiempo que me compensaba pagar una cuota anual, pero ahora apenas voy, no sé muy bien si es falta de tiempo o pereza, lo que sí sé es que me viene mucho mejor pagar cada vez que vaya. Por supuesto estoy hablando del museo. Bookish es otra cosa. Todos los meses recibo un libro sorpresa. Estéticamente es un regalo precioso y he descubierto autoras y autores que quizá de otro modo no, pero ya se ha pasado la ilusión del principio y mejor darnos un tiempo, quién sabe si la distancia nos vuelve a unir, quién sabe lo que traerá el futuro. También he decidido retomar mi blog de libros, dándole otro toque quizá, no lo sé aún, todavía estoy pensándomelo. A veces tengo muchas ganas, pero todo se queda en eso, en ganas. Me falta ese empujón necesario para convertirlas en realidad. 


El último libro de Bookish que he recibido.

Bring on your wrecking ball

Now when all this steel and these stories, they drift away to rust
and all our youth and beauty has been given to the dust
When the game has been decided, and we're burning down the clock
and all our victories and glories have turned into parking lots
when your best hopes and desires are scattered to the wind
and hard times come, and hard times go
Bring on your wrecking ball

B. Springsteen





La canción de ahí arriba me pone de muy buen rollo. La escucho y me veo ahí, en el pit, en medio de una multitud de gente que en un momento determinado se pone a bailar y a saltar. Entonces miro a mi alrededor y  Noe o Iñigo o Pat y Enrique o  María, Basi, Aitor, y Carlos. Miro y veo gente a la que aprecio e incluso quiero, estoy rodeada y todo el resto del mundo da igual. Gente que conocí por Internet gracias a Bruce y que ahora forman parte de mi vida diaria, a pesar de la distancia, a pesar de todos los kilómetros que nos puedan separar. 



El otro día lo comentábamos: tenemos ganas de gira, porque que haya gira supone romper con la rutina, darnos de frente con nuestro lado más salvaje, significa amigos, cervezas, lágrimas y abrazos, significa olvidar nuestros problemas y dejar que la música nos invada, significa rock n roll, un chute de energía que te hace querer seguir, volver a tu rutina diaria con ganas de continuar.