2018 en libros.

A falta de pocos días para que acabe el año y sabiendo, ya, que no voy a terminar los dos libros que estoy leyendo, os dejo mis lecturas de 2018 y aprovecho para desearos un muy feliz 2019.

1.    Historia de dos ciudades. Charles Dickens.
2.    Vestido de novia. Pierre Lemaitre. (Traducción: María Teresa Gallego Urrutia y Amaia García Gallego)
3.    El cuento de la criada. Margaret Atwood. (Traducción: Elsa Mateo Blanco)
4.    Cumbres Borrascosas. Emily Brönte.
5.    Voces que susurran. John Connolly. (Traducción: Carlos Milla)
6.    La puta que leía a Jack Kerouac. Susana Hernández.
7.    Agnes Grey. Anne Brontë.
8.    La mujer habitada. Gioconda Belli.
9.    The tenant of Wildfell Hall. Anne Brontë.
10.  El señor Nakano y las mujeres. Hiromi Kawakami. (Traducción: Marina           Bornas Montaña)
11.  Nubosidad variable. Carmen Martín Gaite. 
12.  The Professor. Charlotte Brontë.
13.  Patria. Fernando Aramburu.
14.  Play it as it lays. Joan Didion.
15.  Las flores no sangran. Alexis Ravelo.
16.  La mujer del pelo rojo. Orhan Pamuk. (Traducción: Pablo Moreno)
17. Drácula. Bram Stoker
18. The tempest. William Shakespeare.
19. La semilla de la bruja. Margaret Atwood. (Traducción: Miguel Temprano García)
20. Hipotermia. Arnaldur Indridason (Traducción: Enrique Bernárdez)
21. Cuervos. John Connolly (Traducción: Carlos Milla Soler)
22. Ragdoll. Daniel Cole. (Traducción: Raúl García Campos)
23. Una noche con Sabrina Love. Pedro Mairal.
24. El beso de Tosca. Vicente Garrido y Nieves Abarca.
25. Los Eduardianos. Vita Scackville-West.
26. Apegos feroces. Vivian Gornick.
27. Oeste. Carys Davies. (Traducción: Lorenzo Luengo)
28. Expiación. Ian McEwan. (Traducción: Jaime Zulaika)
29. La sirena roja. Noelia Lorenzo Pino.
30. Faithful Place. Tana French.
31. Nada. Carmen Laforet.
32. El que espera. Andrés Neuman.
33. Jane Eyre. Charlotte  Brontë. (Traducción: Alejandro Pareja)
34. ¡No eres de azúcar, baila bajo la lluvia!. Ana Elena Arenaza.
35. La retornada. Donatella Di Pietrantonio. (Traducción: Miguel García)
36. La mujer singular y la ciudad. Vivian Gornick. (Traducción: Raquél Vicedo)
37. La nieta del señor Linh. Philippe Claudel. (Traducción: José Antonio Soriano)




Conversaciones mudas

El fin de semana del puente fui a Valladolid a casa de Noe. A veces, necesito desconectar de mi vida, alejarme un poco, mirarlo desde otra perspectiva, volver a ser yo solamente,  sin apéndices, sin adolescencia a la que enfrentarme, ni cenas, ni te espero despierta hasta las cuatro o cinco o seis.  El día que llegué no dio tiempo a mucho:  un par de cañas y Jane Eyre de Fassbender, que no es muy tipo Rochester, pero no lo hace nada mal. No sé si habéis leído la novela de Charlotte Brontë, pero se supone que Rochester no es un tipo atractivo, no del tipo de Fassbender, que es mucho más que guapísimo. 

Al día siguiente un poco de Picasso en el Patio Herreriano. 347 grabados de los de mirar atentamente para no perder detalle. No nos dio tiempo a verla como queríamos:  la primera parte fue lenta, fijándonos en todo, en cada trazo, en cada título, pero se nos echó el tiempo encima y terminamos haciendo un barrido por la parte de la  Celestina y por la sala más erótico-pornográfica (un letrero avisaba en la entrada que algunos de los dibujos podían herir nuestra sensibilidad). 
Dejamos Picasso  para quedar con más amigos y entre bares, cervezas y algún tequila, pasaron las horas, demasiado rápido quizá. Hay personas con las que es fácil estar. No te exigen, ni tienes que ser más de lo que eres, el silencio con ellas no pesa, las palabras tampoco. Puedes ser tú sin ningún artificio, sin maquillaje, sin pretensiones. Puedes hablar de lo que sea sin sentirte juzgada. Puedes callarte si no te apetece decir nada sin sentirte incómoda. Puedes ser y estar. 

Propósitos de mes nuevo

He decidido darme de baja de Bookish y dejar de ser amiga del Guggenheim. Hubo un tiempo que me compensaba pagar una cuota anual, pero ahora apenas voy, no sé muy bien si es falta de tiempo o pereza, lo que sí sé es que me viene mucho mejor pagar cada vez que vaya. Por supuesto estoy hablando del museo. Bookish es otra cosa. Todos los meses recibo un libro sorpresa. Estéticamente es un regalo precioso y he descubierto autoras y autores que quizá de otro modo no, pero ya se ha pasado la ilusión del principio y mejor darnos un tiempo, quién sabe si la distancia nos vuelve a unir, quién sabe lo que traerá el futuro. También he decidido retomar mi blog de libros, dándole otro toque quizá, no lo sé aún, todavía estoy pensándomelo. A veces tengo muchas ganas, pero todo se queda en eso, en ganas. Me falta ese empujón necesario para convertirlas en realidad. 


El último libro de Bookish que he recibido.

Bring on your wrecking ball

Now when all this steel and these stories, they drift away to rust
and all our youth and beauty has been given to the dust
When the game has been decided, and we're burning down the clock
and all our victories and glories have turned into parking lots
when your best hopes and desires are scattered to the wind
and hard times come, and hard times go
Bring on your wrecking ball

B. Springsteen





La canción de ahí arriba me pone de muy buen rollo. La escucho y me veo ahí, en el pit, en medio de una multitud de gente que en un momento determinado se pone a bailar y a saltar. Entonces miro a mi alrededor y  Noe o Iñigo o Pat y Enrique o  María, Basi, Aitor, y Carlos. Miro y veo gente a la que aprecio e incluso quiero, estoy rodeada y todo el resto del mundo da igual. Gente que conocí por Internet gracias a Bruce y que ahora forman parte de mi vida diaria, a pesar de la distancia, a pesar de todos los kilómetros que nos puedan separar. 



El otro día lo comentábamos: tenemos ganas de gira, porque que haya gira supone romper con la rutina, darnos de frente con nuestro lado más salvaje, significa amigos, cervezas, lágrimas y abrazos, significa olvidar nuestros problemas y dejar que la música nos invada, significa rock n roll, un chute de energía que te hace querer seguir, volver a tu rutina diaria con ganas de continuar. 

¿Tú no tienes nada?

Tengo, tengo, tengo
tú no tienes nada

Canción infantil

Tengo una tutoría que me agota y  absorbe toda la energía. Tengo dos hijos adolescentes con todo lo que eso conlleva. Tengo la angustia del no saber, de la espera, del a ver cómo viene, del qué no le hagan más daño. Tengo a  mi pareja,  casi siempre ausente con el que últimamente hay poco en común, puede que incluso nada. Tengo urticaria (pasajera, espero)  por estrés y  pastillas para dormir. Tengo rabia por el mundo, por la frustración, por la injusticia. Tengo pocas ganas. Tengo demasiadas cosas en la cabeza como para que me preocupe lo que piense de mí en una red social alguien que no me conoce. Tengo miedo, cansancio, tristeza. Tengo un agujero negro en el que me estoy metiendo y del que ya sé cuánto cuesta salir. Tengo. Pero también tengo (o retengo) el amarillo de los árboles en  otoño, el cariño de mis hijos, mis amigos que me aguantan, tengo algo que surge de vez en cuando y recuerda a lo que fue y ya no es, tengo los libros, la música, a algunos de mis compañeros de trabajo, los momentos buenos con mis alumnos, tengo el arte, los recuerdos, tengo miguitas de optimismo que me permiten ver lo esencial, lo positivo. Tengo el mar y el silencio. Tengo mil cosas a las que aferrarme, aunque a veces, como ahora,  crea que no las tengo. 




Terapia

Itsasoari begire
izerrari begire

Gatibu

Creo que lo que me apetece en este momento exacto es sentarme en la arena de mi foto y mirar al mar, el reflejo de la luz en el agua, el brillo, la calma. Me apetece la soledad: no tener a nadie a mi alrededor, aislarme del mundo, encerrarme en una burbuja con el sonido de las olas, las gaviotas y la brisa en la cara y ya está. Creo que es lo que me apetece, pero no estoy segura, porque últimamente no estoy segura de nada. Siento estar tan distante, tan poco habladora, tan de mal humor permanente o yo que sé porque ya no sé, siento estar tan cansada, tan me pesa todo, tan insoportable en las relaciones, con las amistades, en mi trabajo, con y en mi vida en general. 


verano

Todo vuelve a comenzar

Parece que es definitivo:
se rompe todo y todo vuelve a comenzar.

Silvio Rodríguez


Mi padre solía inclinar la cabeza hacia la izquierda mientras conducía. Era un gesto que le caracterizaba muchísimo. Hoy, mientras iba al trabajo escuchando a Silvio, me he sorprendido a mí misma con la cabeza inclinada hacia el mismo lado. No he podido evitar sonreír. Ese simple gesto ha inundado el coche de dulzura. Es curioso, pero hace poco fui al médico y me preguntó cuándo había muerto mi padre. No tengo ni idea. Sé que día fue, recuerdo el momento exacto, la música que sonaba, pero no sé decir el año. Tampoco importa. 


Jacinta Gil Roncalés
Ausencia del padre.

Colores

Quizá sea extraño, pero el cuadro que más me gusta de Kandinsky no es abstracto. Lo miro y algo  se activa en mi interior, la tecla que hace vibrar mi alma. El color. No sé cómo será en directo, si  el azul será ese azul o si el amarillo. Hay personas que no entienden que llores delante de un cuadro. Probablemente yo llore si algún día lo veo. Las lágrimas, muchas veces, son la única forma que se tiene de expresar lo que se siente.

Cementerio y casa parroquial en Kochel.