
El cuadro es de Paul Ackerman, a quien acabo de descubrir.



Fer me pasó ayer lo último de Fito, poniendo una de las pocas pinceladas de color en un día gris marengo, que es un color que me encanta, pero no para mis días. Al volver del trabajo, mientras me sonaba de fondo algo así como si me quieres pintar, prefiero el gris, me he ido fijando en el paisaje, tan lleno de color. Hace sol y calor para ser finales de noviembre y el verde se ve más verde, sobre todo porque los cristales de las gafas de sol que utilizo son de ese color.
Para ti la única manera de manifestar interés por las personas y las
cosas es prestarle tus sentidos. Para ello adelantas tu nariz, tus
oídos, tus ojos todos y te quedas así, echada para adelante.
Donde los demás, yo mismo, como bien sabes, proponemos gafas y sonotones
tú ofreces tus sentidos hasta el límite físico. Te quedas así, aliada al
precipicio y como esas torres que orientan al caminante o sirven para
avistar las ballenas que llegaban a tu costa, decides hacer de la
gravedad, una ley convexa. Por eso no tienen ni idea los que te
reprochan tu gusto por el abismo -ellos, siempre en pánico perpetuo,
agorafóbicos de mesa camilla-, y tu sinceridad con doblez -que es tan
sólo el precio que pagas por prestar la debida atención.
Cuando pienso en unos oídos amigos, pienso en tu figura alta, rubia y
echada para adelante. Y me gustas así, sin reservas, sin santabárbara
que defender. Y -no sé cómo lo consigues- transformar la apariencia de
debilidad en algo mejor que una fortaleza. Un talante quizá. Guardo la
esperanza que cuando el año que viene cumplas un año más, estés un poco
más inclinada y yo pueda chivarme a todo el mundo.





